miércoles, noviembre 11, 2009

Cifs laic as.



Me gusta esta canción, hombre.

Aaaaaadiós.

¡Galletaaaaas!


domingo, octubre 25, 2009

Ñam!


Aaaaaadiós.

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Electrolibros.


Hace ya tiempo que vengo practicando la lectura de libros electrónicos. Empecé leyendo en el ordenador con la ayuda de algunos programitas al uso, pero resultaba un poquito duro eso de estar en la mesa lee que te lee to quieto parao mirando a la pantalla. Luego tuve un Pocket PC, con el cual llevaba todos mis líos de agenda diaria, datos de interés, notas, tareas, contactos, etc., o sea, la oficina encima. El “aparatito” me permitía leer libros con un programita cuyo icono eran unas hojitas verdes, y de esta empresa de aquí. También podía leer libros y documentos PDF con éste otro software de aquí de la misma marca. Pretendía leer libros en el autobús con el consiguiente ahorro de peso, volumen y demás. Pero se hacía duro leerte un libro en una pantallita luminosa, con el texto en un cuerpo determinado, lo suficientemente grande para que no resultara molesto ni pesado leer, pero sí lo suficientemente corto sobre la pantalla como para que resultara arduo leerse cuatrocientas páginas, por ejemplo. Con el tiempo fui abandonando, poco a poco, la práctica.

Volví al papel y al dulce placer del olor, el tacto y el peso del libro de toda la vida, y al que me mantengo fiel como amante locamente enamorado. No obstante, este verano, me hice con un lector electrónico, éste de aquí, anunciado como novedad por sus promotores, y de aquí, de la tierra. Por qué escogí éste, es algo fácil de explicar: soy lo suficientemente cándido y estúpido, como para caer siempre en el aquello de hacer patria y de que mis dineros se queden en casa y en empresas del terruño para que esto tire para adelante… Cándido ya digo; a veces, bastante estúpido. El aparato, resultó ser un auténtico paquete, pero de eso ya hablaré luego.

La semana pasada se presentó éste otro lector de aquí, en Europa y a lo grande, ya te digo, producto detrás del cual anda el soporte financiero y estratégico de esta empresa de aquí, total nada. En realidad este fue el primer aparato con el que quise hacerme, pero los más de cuatrocientos euracos de por aquél entonces, me echaron para atrás. Es más, únicamente puedes utilizarlo con libros comprados a través de la empresa creadora del invento, todo un handicap. No importa, seguro que ya hay chicos trabajando en métodos pocos usuales de hacerse con los libros y utilizarlos en el aparatito, sin pasar por caja; por la caja de los padres del invento, digo.

Ahora mismo, aquí, en España, ya existen un buen montón de aparatitos de estos para hacerse con uno de ellos. Los hay de todas las marcas, colores y amplitudes de pantalla. La media, salvo excepciones que me niego completamente a detallar aquí, sobretodo porque no me apetece (hace un par de jueves, este periódico de aquí, le dedicó un especial), es de unos trescientos leuros, más o menos; mucho más que, menos. Ustedes verán. Por cantidades como éstas, en mi opinión, considero mucho mejor comprarse un ordenador tipo notebook de estos pequeñillos que ahora están de moda, se lo piden para que se lo traigan los Reyes Majos, por ejemplo, y se instalan este programita de aquí de la empresa de siempre, y a disfrutar en colorines. Por lo menos, hasta que bajen los precios de los aparatitos.

A lo largo de estos años, me he hecho, aproximadamente, con unos cinco o seis mil libros de todo tipo y categoría, revistas, diccionarios, enciclopedias y demás. El éter, está plagado de este tipo de páginas, como esta de aquí, esta de aquí o esta de aquí, amen del proyecto éste de aquí, y lo que está por venir. O sea, que ustedes, si se aburren, es porque quieren. Comentarles que, por lo que a mí concierne, aplico con este invento, el mismo tratamiento que con todo lo que entra en mi casa, ya sea música, cine o literatura: si me gusta y es de mi querencia, lo compro; es así, que ya no entro en casa. Es así, que el libro del sueco éste, no entrará en mi casa, y que al libro de este señor de aquí, ya le estoy haciendo un hueco en mi librería. Para ser el primer libro que escribió, tela. Me lo he leído recientemente en la maquinita y pienso comprarlo, además, en solido, y para regalárselo a mi chica. Toda una ruina esto de ser una mala persona, un pedazo de piratón, pues con esto que me he inventado, de leer el libro y luego ver la película, me está saliendo la cosa cara.

Encontré en Internet una vieja película de este señor de aquí, que vi en un Imagfic de aquellos y que me gustó mucho. Tenía, además, el libro. Un libro que cayó, en la última mudanza. Me bajé la película, la vi de nuevo y estrené la maquinita de leer, con la versión de este señor de aquí, en ebook. Volví a disfrutar de nuevo y estoy brujuleando para hacerme de nuevo con el libro, en su primera edición, aquella que ya tuve. Seguí dando uso al aparato con el libro de esta señora de aquí, y quedé encantado, ya lo creo. A continuación, lo intenté con este libro de aquí, que lo ponen por las nubes y eso, pero no pude; ni veinticinco páginas, tú… Luego di cuenta con el del sueco, y sin apenas coger aire, entré a matar con el de este señor de aquí, magnífico libro. Ahora, estoy con las de papel otra vez, para dar salida a alguna de las columnas que tengo esparcidas por toda la casa y que no consigo llevar a menos por más que me lo proponga.

Lo intenté por segunda vez con este libro de aquí, de este señor de aquí, que es de mi querencia. No lo conseguí, este libro, en particular, me resulta aburridísimo. Lo he dejado en la página ciento setenta y seis; a ver si más adelante… Ayer me terminé éste de aquí, de este señor de aquí, que trabajaba para este otro de aquí, un figura. Me lo he pasado teta. Para mañana, de camino a la oficina y con la ayuda de la maquinita, daré cuenta de uno nuevo. Estoy en la duda de cuál de ellos, pues tengo tres: este de aquí, de este señor de aquí, señor del que leo una cosa suya por primera vez; o estos dos de aquí y de aquí, de este señor de aquí, del que ya tengo antecedentes. Estoy en ello.

Las especificaciones técnicas y demás de la maquinita que me compré yo, vienen en la paginita que ya les he indicado por ahí arriba. Señalar que la maquina la tuve que cambiar pues al cabo de un mes, petó. En ciertas condiciones de luz, como la del interior de un autobús interurbano a las seis de la mañana, es casi imposible leer sin pillar algo en los ojos. Las teclas del cursor, a veces, son para perder el control del sistema nervioso y partir el aparato por la mitad. Recomiendo no utilizar el aparato con la tarjeta de memoria puesta y llena de unos cuantos cientos de libros, el bicho no puede con todo ello, me temo, y en mi opinión, ha sido una de las causas que causaron que el enano que lleva dentro el aparato, acabara extenuado. No tengo pruebas de ello, no se si es técnicamente viable, pero no se crean ustedes que ando mal encaminado. Mi consejo: brujuleen por Internet, miren, comparen exhaustivamente, y compren aquello que más les convenga y con las mejores garantías, en cuanto a devoluciones por defectos y deficiencias técnicas, por parte del vendedor, una de las cosas que yo he tenido en cuenta a la hora de comprarme la máquina que yo me he comprado.

Buenas lecturas.

Aaaaaadiós.

sábado, octubre 24, 2009

Bicho malo, malo (I).


Bicho malo, malo (II).


Bicho malo, malo (III).


Bicho malo, malo (IV).


Bicho malo, malo (V).


martes, octubre 20, 2009

Cabeza abajo.


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Booh!


Viajar en autobús largas distancias suele resultar aburrido y tedioso, máxime cuando se trata de ir o volver de casa al trabajo o del trabajo a casa, lo mismo me da, que me da lo mismo. Sin embargo, la cosa puede animarse si en una de las paradas, ocurre que suben diversos usuarios y de entre todos ellos, uno del género femenino de especial atractivo y rasgos anatómicos chipén, al que le da por ponerse a tu lado en el asiento ahora vacio y que hasta hace unos instantes, ocupaba mi triste mochila de color negro; negro como algunos gatos, negro, como el riguroso luto.

No me daban el cuello ni las cervicales para contemplar tan fascinante espectáculo, con lo que seguí atento al contenido de mi libro, aunque ahora sin tanto entusiasmo. No obstante, en un quite y por no quedarme con las ganas, viré la mirada para echarle un vistazo a la chiquilla otra vez, cuando a ella le dio por sacar de su enorme bolso (¿Por qué todas las mujeres, llevan un bolso enorme?), entre grandes aspavientos, unos papeles. Para mi sorpresa —aún ahora, cuando lo recuerdo, un escalofrío me recorre la espalda—, la mujer se lanzó en picado y con voracidad a leer unos apuntes fotocopiados, devorándolos con ansia, cual si fueran pastelillos de nata. A vuelapluma y disimulando, apunté a ver el encabezamiento de uno de los párrafos de los citados apuntes, el del apartado cinco; en concreto, el dedicado a la comprensión y entendimiento del “Cuidado del cuerpo después de la muerte”.

Cerré mi libro, lo guardé, me calé la gorra hasta las cejas e intenté dormirme hasta que llegara la hora de bajarme en mi parada.

Quisiera creer que no ha sido la parca, la que se ha sentado a mi vera hoy en el autobús, que ha sido alguien que se toma en serio esto de las fiestas esas de jalogüen y eso.

Y es que madre mía, madre mía…

Aaaaaadiós.

domingo, octubre 04, 2009

Der ar pleises ail rimember...


Yo quería ir de nuevo a San Andrés de Teixido. Pero como este verano nos dio por visitar faros, nos pasamos antes por el de Punta de la Estaca de Bares, el lugar más al norte de España, el mismísimo sitio donde dicen que está la línea imaginaria que marca la frontera entre el Océano Atlántico y el Mar Cantábrico. Luego fuimos a parar al del Cabo Ortegal, un faro un poco más birrioso que el anterior, pero localizado en un lugar con vistas increíbles y al que se accede por estrechas, estrechísimas carreteras, bordeadas de bosques frondosos y donde el aire huele muy diferente, sano. Desde allí, pillamos nuevamente carretera, una tan estrecha y de curvas tan pronunciadas, que ponía los pelos de punta. Si alguien necesita entrenar su esfínter, el citado camino está pero más que bien para lograr el objetivo deseado, no es necesario pagar unas clases de yoga. Un par de vueltas, pacá y p’allá, y done. Se lo digo yo a ustedes.


Un poco antes de llegar a nuestro destino, nos paramos a ver un monumento funerario: el emplazado donde encontró la muerte el actor Leslie Howard. Contrasta la belleza del lugar, con el horror que produce la crónica del suceso. Flores y velas adornan un modesto monumento, al lado del cual, hay un mirador coronado con una cruz. Una placa entre flores y velas, rinde homenaje a todos los fallecidos aquél triste día. Un gran cartel al borde de la carretera, avisa a los conductores y caminantes, de la localización del monumento. Desde el mirador se puede ver, a lo lejos, San Andrés de Teixido. Al fondo, el mar; y sobre el verde de los prados y bosques, a la izquierda, el blanco de las casas.

Una gran decepción me invadió cuando vi lo que había cambiado el lugar, la inmensa cantidad de gente y tenderetes donde se vende todo tipo de productos, y que inundaban sus estrechas calles. Los coches, invaden campos, aceras, arcenes, senderos… La turbamulta, no respeta lugares de silencio, fronteras ni vallados; aquél día, aquello era la guerra. Para colmo, mi chica y yo, pretendiendo rememorar viejos tiempos, recordar momentos de gran emoción y cariño para nosotros, y al intentar acceder a unos prados desde lo que una vez vimos ese mar que adoramos, ambos dos, nos dimos, cada uno por su cuenta y con adorno, una soberana costalada, de la que aún conservamos los moratones. Y es que los años no pasan en balde, no se puede ir haciendo ya el cabra, los lugares cambian y la gente pone muros de piedra para señalar y marcar lo suyo, donde antes había aire, tierra y verde. He decidido que ya no me entierren allí.

Hermosa e interesante la conversación que mantuvieron mi chica y un apicultor de la tierra que vendía sus productos a base de miel de diferentes tipos, en un tenderete que se había instalado él mismo, a la entrada del pueblo. Me quedé con un consejo que nos regaló de forma gratuita el paisano, y que yo les transmito a ustedes por si les fuera de alguna utilidad: Un poquito de whisky mezclado con miel todas las mañanas, y a trabajar como un cohete, hecho un jabato y al estrés que le den. Nos reímos, claro, pero el buen hombre se plantó en frente de nosotros muy serio, y nos dijo que lo probáramos: “remedio de santo”.

Nos fuimos, no sin antes percatarnos de que se habían cepillado parte de un bosque para que los visitantes del lugar puedan aparcar allí sus vehículos, con toda tranquilidad.

En fin.

Aaaaaadiós.

jueves, octubre 01, 2009

Lecturas frías.


¡Joder, pues no estoy yo enganchado con el libro del señor éste, que no puedo dejar de leer y de que leer!

Un pelín tramposo el colega de allá, de donde viene el frío, que se las apaña muy rebuscadas y fulleras para completar el puzzle, pero, vaya, enganchar, engancha, tú…

Y lo decía yo para quedar bien, que me iba a leer los tres libritos…

¡Y me los voy a leer, ya verás tú!

Si es queeeee…

Aaaaaadiós.

No me canso.

¿Les conté yo a ustedes, que me hice con el retrato aquél del que les hablé, y toda la aventura y eso…?

Hoy, porque no tengo tiempo. A ver si en el fin de semana… No sé yo… Bueno…

Tengo localizado al autor. Resulta que la obra es de un pintor famoso y de gran prestigio. En los próximos días intentaré entrar en contacto con él. Ya les dije cuales eran mis intenciones, ¿no?

No aparece la firma en esta imagen, porque se la he quitado yo, por lo de los patosos y eso, que están siempre agazapados por aquí por el éter, esperando a poner su huevo. Cuando tenga todo esto encajado y resuelto, sacaré la pieza completa. Espero que sepan disculparme.

El retrato es de una factura extraordinaria, que no se puede apreciar aquí. Una lástima. Yo no me canso de mirarlo.

Aaaaaadiós.

domingo, septiembre 27, 2009

Más camin sun.



Aaaaaadiós.